Robert-Houdin no solo cambió la forma de presentar la magia. También fue de los primeros en pararse a pensar qué es exactamente lo que hace un mago. En 1868, en Les Secrets de la Prestidigitation et de la Magie, propuso algo que nadie había hecho en serio: ordenar todos los efectos de la prestidigitación en categorías.
Destreza, destreza y destreza
Su punto de partida es célebre: para triunfar como prestidigitador hacen falta tres cosas, y las tres son la destreza. Pero Robert-Houdin no se quedaba en las manos. Para él el arte descansaba sobre tres pilares: la habilidad manual, las sutilezas mentales y los efectos que se pueden obtener de las ciencias (química, mecánica, matemáticas, electricidad, magnetismo). Un buen mago, decía, debe tener al menos una cultura general de todas ellas.
Por eso fue muy duro con lo que llamaba la escuela del doble fondo: los magos que dependen de aparatos que hacen el trabajo por sí solos. Los comparaba con quien da vueltas a la manivela de un organillo. Eso, a su juicio, nunca merecía el nombre de arte.
Las seis ramas
- Proezas de destreza. Solo las manos y la palabra producen la ilusión. Exigen años de estudio y práctica.
- Magia natural. Recursos sacados de las ciencias, combinados con la habilidad manual. Es lo que él consideraba la prestidigitación propiamente dicha.
- Magia mental. El aparente control sobre las decisiones del espectador y la lectura del pensamiento. Robert-Houdin acuñó el término para describir el trabajo de Alfred de Caston.
- Mesmerismo fingido. La imitación de la segunda vista, la clarividencia, el trance o la catalepsia, muy de moda en el París de mediados del XIX.
- Fenómenos mediúmnicos. Mesas que giran, golpes, escritura misteriosa y gabinetes, al estilo de los hermanos Davenport.
- Magia de salón. Juegos sencillos basados en ardides, dobles sentidos o combinaciones aritméticas, pensados para sorprender sin necesidad de una gran técnica.
Un capítulo que nunca existió. Robert-Houdin anunció un capítulo final titulado algo así como «cómo convertirse en mago en pocos minutos», dedicado a la sexta rama. Según señaló Professor Hoffmann, su traductor al inglés, ese capítulo nunca llegó a incluirse en el libro.
El mago como actor
De Robert-Houdin viene también la idea teórica más citada de toda la historia de la magia: el mago es un actor que interpreta el papel de mago. Detrás de la frase hay una declaración de principios. La técnica es imprescindible, pero lo que el público vive es una interpretación.
Lo que vino después
Su clasificación abrió un camino que siguieron otros. S. H. Sharpe la retomó, y en 1944 Dariel Fitzkee, en The Trick Brain, llegó a ordenar toda la magia en diecinueve categorías de efectos. Hay quien critica estos intentos por reducir el misterio a una tabla, y el mago Tom Stone llegó a sugerir que, llevadas al límite, todas las categorías se quedan en una sola: algo extraño sucede. Aun así, el primer paso lo dio el relojero de Blois.
Si quieres conocer su vida, te la contamos en Robert-Houdin, el padre de la magia moderna.
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Fuentes
- Jean-Eugène Robert-Houdin, Les Secrets de la Prestidigitation et de la Magie (1868)
- Joshua Jay (comp.), Magic in Mind, sección dedicada a Robert-Houdin

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