Aldo Colombini, el mago que hacía fácil lo imposible

Portada granate de La Biblioteca del Mago con Aldo Colombini mostrando las manos abiertas y el texto: Mamma Mia Magic, el mago que hacía fácil lo imposible

Medía casi dos metros, hablaba cuatro idiomas con un acento italiano inconfundible y siempre llevaba una sonrisa puesta. Aldo Colombini fue uno de los magos más queridos y prolíficos de su tiempo, y un maestro de una idea muy sencilla: la mejor magia no tiene por qué ser la más difícil.

De Ferrari a la magia

Nació el 19 de marzo de 1951, día de San José, en Maranello, junto a Módena. Con solo catorce años entró a trabajar en la fábrica de Ferrari, donde pasó siete años en la cadena de montaje haciendo siempre el mismo trabajo. Aquella rutina lo desesperaba. Un día alguien le regaló un libro de magia, y ahí empezó todo.

En Italia actuó con el nombre artístico de Fabian. Fue un gran mago infantil y tuvo durante años un espacio fijo en un programa de televisión para niños. En esa época publicó sus primeros libros en italiano, como Spaghetti Magic o Fai ridere il tuo pubblico.

El salto a América

En 1993 se instaló en Estados Unidos sin saber una palabra de inglés. Desde entonces usó su nombre real, y en pocos años se convirtió en una figura habitual de los congresos de magia. Actuó en el Magical Empire del Caesars Palace de Las Vegas y durante trece años en el Magic Castle de Hollywood. Llegó a actuar en más de sesenta países.

En 2006 se casó en Italia con la maga británica Rachel, a la que conocía desde principios de los noventa. Juntos recorrieron el mundo con su espectáculo y sus conferencias como dúo Wild-Colombini.

Premios y reconocimientos

  • Premiado en el campeonato mundial de la FISM.
  • Dos veces Mago de Salón del Año de la Academy of Magical Arts (Magic Castle).
  • Nominado además como mejor mago de cerca, mejor número de escena y mejor número cómico.
  • El único mago en la historia del Magic Castle nominado en las seis categorías: comedia, escena, cerca, salón, bar y conferenciante.

Sus libros

Colombini escribió en italiano, inglés, español y francés, y su obra suma decenas de títulos entre libros, cuadernillos de conferencia y vídeos. Algunos de los más conocidos:

  • Spaghetti Magic, firmado aún como Fabian
  • The Close-Up Magic of Aldo Colombini
  • What’s Up Deck? A Notebook on Card Magic (1995)
  • On the Ropes, una recopilación de rutinas con cuerdas
  • The World’s Best Collection of Easy-to-Do Impromptu Card Magic (2003)
  • Cartomagie impromptue y Ma magie des gobelets, en francés
  • ¡Mamma Mia! La magia de Aldo Colombini y la serie Gags para el escenario, en español (Ediciones Páginas)

Durante años escribió la columna As Always, Aldo en la revista The Linking Ring, colaboró más de veinte años con la británica Magigram y publicó numerosos juegos en el Apocalypse de Harry Lorayne. También grabó decenas de vídeos didácticos, como las series ESP Card Magic o Aldo on Trost, con la que rescató la obra de Nick Trost.

«Mamma Mia Magic»

Así se llamaba su sello editorial, y así podría resumirse su estilo. Sus juegos llevaban nombres como Spell-O-Roma, Italian Salad o Ace-mbly, y su número de cartas en el Magic Castle era el Mamma Mia Card Act. Su rutina de cubiletes, original y muy visual, fue una de las más celebradas de su repertorio.

El gran simplificador

Su mayor aportación fue la sencillez. Dominaba la técnica difícil, pero prefería construir juegos fuertes con la menor manipulación posible. Se decía de él que podía tomar un juego de quince pasos y, diez minutos después, hacerlo con cinco. Su magia era fácil de hacer, divertida de ver y capaz de engañar incluso a los propios magos.

Lo explicaba con una frase que repetía en sus conferencias:

«El público paga por lo que ve, no por lo que no ve.»

Aldo Colombini, en sus conferencias en Reus

Para Colombini, la dificultad era un placer privado del mago. Lo que de verdad recibe el público es el efecto, la sorpresa y la risa.

Humor y personalidad

Quienes lo conocieron lo describen como un enorme oso de peluche italiano: cálido, generoso y siempre de buen humor. El crítico Jamy Ian Swiss bromeaba en la revista Genii diciendo que su alegría constante rozaba lo paranormal. Su comedia era entrañable, llena de juegos de palabras y de autoparodia, y para él el humor no era un adorno, sino una herramienta del oficio. Solía decir que hacer amigos era el mejor juego de magia que se había inventado.

Aldo Y Rachel en Reus

Aldo vino varias veces a Reus, y en sus conferencias nos repetía aquella frase sobre lo que paga el público. Pero hay una anécdota que lo retrata mejor que nada.

Estábamos en el Teatro Bravium, a una hora de empezar su espectáculo unipersonal, y me pidió una mesa para dejar sus accesorios. Subí a un altillo junto al escenario, abrí la puerta y me encontré cientos de mesas distintas. Cogí una y se la enseñé desde arriba. Aldo me miró, hizo un gesto con las dos manos y me dijo: «Rafa, es perfecta».

Ni la miró de cerca ni pidió otra. Una hora antes de salir a escena, no iba a gastar ni un segundo en algo que el público no iba a valorar. El público no pagaba por la mesa: pagaba por Aldo.

Su legado

El 9 de febrero de 2014 sufrió un ictus y murió tres días después, el 12 de febrero, a los 62 años. Nos dejó cientos de juegos, una biblioteca entera de libros y vídeos, y una lección que sigue vigente: lo que importa es lo que vive el espectador, y el camino más sencillo para llegar a él suele ser el mejor.


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Fuentes

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